miércoles, 18 de noviembre de 2009

El concepto de distribución en economía ha evolucionado a la par que las propias teorías económicas.

Una vez considerada junto con la producción como una de las dos grandes esferas de todo proceso económico, pasó a integrarse luego como un problema inseparable al de la propia creación de riqueza.
Las teorías que se refieren a la distribución, en todo caso, siempre han buscado comprender cómo la riqueza global existente en una sociedad se reparte o llega a los individuos y grupos que la componen. Más específicamente, muchos autores la han considerado como el estudio de las remuneraciones que reciben cada uno de los factores productivos, clásicamente tierra, capital y trabajo.

Al igual que los otros precios, los precios de los factores productivos vienen determinados por la oferta y la demanda. Es la productividad marginal de cada factor, lo que aporta un aumento infinitesimal del mismo al producto total, lo que determinará en definitiva su precio.
En una situación de competencia perfecta todos los factores de la producción, incluida la gerencia, recibirán una tasa de recompensa igual a sus productos marginales, lo cual es consistente con la exigencia teórica de que el total de estos ingresos tenga exactamente el mismo valor que el total de lo producido.
Pero en condiciones de competencia imperfecta aparecen otros elementos que es preciso considerar: existe, en primer lugar, una distribución original de la riqueza que no proviene de equilibrios de mercado sino de situaciones preexistentes y que afecta la dotación de recursos de cada persona, lo cual incide obviamente sobre el nivel de sus ingresos; los salarios podrán aumentar -al menos para una parte de los trabajadores- ante la existencia de sindicatos organizados y leyes que fijen el salario mínimo; la estructura tributaria vigente en un país también alterará los ingresos relativos de las diferentes personas y grupos, imponiendo cargas a las ganancias del capital o diferentes impuestos sobre la propiedad; diversas políticas sociales podrán hacer que el ingreso se redistribuya, aunque no siempre de acuerdo a los modelos propuestos, entre diferentes sectores de la población.
Por todas estas razones el problema de la distribución de los ingresos, en una economía concreta, dependerá tanto de causas puramente económicas como de factores sociales, políticos e históricos, haciendo difícil la contrastación empírica de la teoría de la productividad marginal de los factores.

Como los recursos con que se cuenta son escasos, solamente se puede satisfacer una necesidad si se deja de satisfacer otra. No hay suficientes recursos materiales, ni trabajo ni capital, para producir todo lo que desea la gente.
Este problema se plantea a los gobiernos, a las familias y a las empresas. Así, por ejemplo, los gobiernos tienen que decidir entre construir más colegios o comprar más helicópteros para la policía.

Asimismo, las empresas de juguetes deben decidir entre gastar más recursos en publicidad o invertir en renovar la maquinaria.
Cuando los gobiernos, las empresas y las familias deciden qué gastar o qué producir están renunciando a otras posibilidades. La opción que debe abandonarse para poder producir u obtener otra cosa es en economía el costo de oportunidad.

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